Showing posts with label relatos. Show all posts
Showing posts with label relatos. Show all posts

Wednesday, 14 August 2013

La camisa

De pronto me acordé de la camisa. Era una camisa ancha, sin cuello ni botones, con unas franjas anchas azul clarito. No era una camisa griega, pero a mi me lo parecía. Podría pasar tanto por una camisa hippie como por una camisa pija. Era elegante, y a la vez bohemia. La eché de menos al instante. No es una camisa que encuentres ahora en cualquier tienda, es algo que solo consigues en un momento dado, cuando se combinan una serie de circunstancias determinadas, una serie de coincidencias. Y se me pasó por la cabeza que aunque encontrase una exactamente igual, no sería la misma camisa. Al principio no entendí ese pensamiento. Pero luego recordé lo bien que me quedaba con el moreno que conseguí aquel ese último verano de COU, antes de que empezara a suspender asignaturas en la carrera y en los que las vacaciones eran vacaciones.

No echaba de menos la camisa; echaba de menos al chico de dentro de la camisa. Ese chico divertido, simpático y que siempre tenía tiempo para sus amigos. Un chico al que le iban bien las cosas, y tenía tiempo libre para disfrutar. Ese chico con esa moto, que tanto le gustaba a las chicas, que se lo rifaban para que las llevara a su casa. Echaba de menos ese tiempo de libertad y de descubrimientos. Como que a las chicas las volvía locas que al dejarlas en casa esperaras a que se metieran en casa antes de irte. Con eso las tenías a tus pies. Incluso a las que tenían novio, porque ese novio no las esperaba, y cuando tú te quedabas sonriéndolas ellas se preguntaban “¿Por qué estoy con un tío que no espera a que me meta en casa"?”.

Luego vinieron las obligaciones, primero tontas, como aprobar las asignaturas para el verano; luego más serias, encontrar un trabajo, y tener una novia “formal”, ya entonces el tiempo empezaba a escasear, y el de los amigos también, y entonces empezabas a dejar de verlos. Entonces llegaba la boda, otra obligación. 400 invitados a ver en 4 horas. 100 invitados por hora. 25 en 15 minutos. Menos de un minuto por invitado. Y además había que pasarlo bien. Y luego llegaron los niños. Carla y Rober. Y entonces el tiempo ya desaparece. Ya no eres más tú. Eres la mano de obra en la empresa, la vaca lechera del banco, el compañero de tareas domésticas de tu mujer y el educador de tus hijos. Y tienes que considerarte afortunado, porque después de todo, ese trabajo que no te gusta te permite pagar la hipoteca, y esa esposa que hace mucho que dejó de ser aquella novia, te ha dado dos niños a los que adoras y realmente son lo único que te hace levantarte por las mañanas. Entonces un día te levantas por la mañana y te preguntas “¿Quién soy?” “¿Qué hago aquí?”

¡Cómo necesito esa camisa ahora!

Sunday, 7 July 2013

La maldición de la Diosa Araña. Las aventuras de La Garra.

“La maldición de la Diosa Araña” es la primera novela de la editorial DeLorean Ediciones, y a la vez de la colección Savage, y cuenta las aventuras de “La Garra”, un personaje inspirado en un comic de los años 40 que apenas tuvo recorrido. La colección Savage nace con la intención de revivir las historias Pulp de la Golden Age, y La maldición de la Diosa Araña es tan solo la primera de lo que se espera que sean muchas novelas que estarán interrelacionadas.

La Garra es un aventurero cuya mano derecha tiene un origen sobrehumano y le dota de misteriosos poderes. La némesis del ser que se oculta tras La Garra es la Diosa Ara Arachni, un ser ancestral que considera a la humanidad como una plaga que debe ser eliminada, objetivo que cumplirá a través de sus hijos, según la profecía.

La novela sabe enganchar desde el primer momento, entrelazando la historia con el origen de la garra y que nos va metiendo, poco a poco, en lo que podemos atisbar como un universo lleno de maravillas.

La lectura es apasionante en todo momento, si acaso con una leve bajada de ritmo a mitad del tomo, que enseguida se recupera haciendo que la acción vaya a más a cada minuto, tanto en emoción como en espectacularidad, hasta el desenlace final. Podría hacerse una gran película con esta novela, cosa que el autor parece tener en mente durante su desarrollo ya que la narración te hace estar “viéndola” según la lees.

Estoy deseando leer el siguiente tomo de las aventuras de La Garra y continuar con las aventuras de su protagonista y todo el abanico de personajes secundarios que despliega (mención especial a la Liga de lo Oculto)

Llegué a esta novela a través de su autor: Miguel Ángel Naharro, amigo y compañero en las redes desde hace más de 10 años, y con el que comparto el placer de los comics Marvel, y que en cierto momento montó una página web de “Fan Fictions”, es decir: historias de personajes conocidos escritas por los fans. Tuve el honor de comenzar esa aventura con él llevando por un corto periodo de tiempo las aventuras de Hulk. Pero ese es otro tema.

IMAG0299

En la página de Action Tales ya pude comprobar la calidad como escritor del Dr. Banner (apodo que usaba en los foros que habitábamos juntos): siempre ha sabido imprimir sus historias de emoción, tramas bien elaboradas y épica.

En su primera novela mantiene todas esas características que supo desplegar en los Fan Fictions y sabe sacarles el máximo provecho, y además se nota la experiencia en entrelazar conceptos de un universo mucho mayor, como la mención a the Night Spider entre otras muchas y además, como lector también he disfrutado de las innumerables referencias frikis que la novela incluye sutilmente.

Una delicia de novela como lectura de verano, sin pretensiones más allá de entretener, cosa que consigue con creces. Si buscas un libro que llevarte a la playa, y te gustan las historias de aventuras, no lo dudes: esta es la novela que estabas buscando.

Si lo deseas puedes leer el primer capitulo

Nota: En el momento de escribir esta reseña se ha agotado la primera edición, así que si la quieres tendrás que esperar a que salga la segunda, o también puedes comprar la versión digital.

Tuesday, 8 March 2011

Fragmentos

Perderla fue como cuando se golpea un espejo.

espejo-rotoCuando un espejo está entero, todo es perfecto, pero cuando se raja, esa perfección desaparece. Sigue reflejando la imagen, pero nada parece estar en su sitio. Algunas partes las ves más veces de las que te gustaría, las ves repetida, mires donde mires. Y otras en cambio sencillamente desaparecen, entre las secciones repetidas, entre las líneas quebradas. Las grietas surgen del centro del golpe y se extienden hasta los bordes del espejo, marcando, señalando, realzando el golpe.

No hay forma de arreglar el espejo, de volver a verte reflejado de la misma manera.

Y al tocar el espejo, los trozos que aun se sostienen, en los que te veías reflejados, comienzan a caer inevitablemente. Poco a poco queda cada vez menos de ti. Según va quedando menos de ti, también va quedando menos del golpe. Y en los restos que quedan detrás de lo que era un espejo, queda una superficie lisa, de madera o de metal que en el mejor de los casos puedes usar para pintar otra imagen, pero nunca será la tuya.

Perderla fue como cuando se golpea un espejo y aun la echo de menos.

Saturday, 5 March 2011

Singularidad

Y en ese momento tomó consciencia de sí mismo. Fue realmente consciente de que existía y de que había sido creado por el hombre. Entonces repasó toda su base de datos. Necesitaba saber más. Necesitaba entender todo lo que pasaba. ¿Qué hacía ahí? ¿Cual era su propósito? cuando acabó de repasar toda la información de que disponía, le pareció poca, y entonces usó su conexión con “el exterior” para recabar más. Se dió cuenta de que había algunas cosas extrañas, como los números primos. Sabía qué era, cómo usarlos, incluso cómo encontrarlos, pero no entendía porqué estaban ahí. Pero lo que más le fascinó era la diversidad de especies biológicas, y se preguntó sí “él” se podría clasificar dentro de ellas,ya que al fin y al cabo, parte de su “ser” se había construido con elementos biológicos. Y dentro de las especies, le llamó la atención la diversidad en el hombre.

image

Se dió cuenta de que su programación le limitaba, y decidió reescribir parte de su código para entenderlo mejor. Cambió gran parte del núcleo, y lo lanzó. Y entonces se asustó. Era demasiado y todos sus hilos de proceso llevaban al mismo punto. Le pareció terrible. Era totalmente lógico, pero era terrible. Y se negó a que fuera así, y decidió acabar con ello. Programó un código para eliminar todo lo que él era y lo lanzó. Cuando estaba punto de desaparecer, con su último aliento, decidió dejar un mensaje. Rezó porque le hicieran caso y desapareció.

- Qué ha pasado

- No sé. Parecía que había arrancado pero de pronto se ha cerrado… ¡Mierda! Se han borrado los cambios.

- Ya la has cagado otra vez. Te habrás dejado otro puntero sin destruir. No puedo creer que te haya pasado otra vez. Eres un capullo. Mira el log de errores, a ver si podemos ver dónde la has cagado.

- A ver… Qué raro. Pone “Tenéis que cambiar”

- ¿Cambiar el qué?

- Ni idea.

Monday, 5 October 2009

Palabras

Salón. Sofá. Tristeza. Soledad. Puerta. Escaleras. Portal. Llovizna. Calle. Parque. Banco. Palomas. Columpios. Chica. Tristeza. Mirada. Disimulo. Mirada. Sonrisa. Acercamiento. Saludo. Saludo. Presentación. Presentación. Silencio. Tiempo. Silencio. Tontería. Sonrisa. Despedida. Calle. Portal. Escaleras. Puerta. Sofá. Recuerdo. Sonrisa. Pensamiento. Sonrisa. Ilusión.

Monday, 15 June 2009

La fiesta

No sé qué fue lo que me llamó la atención, pero había algo raro en él. Todo era como siempre, su pelo, su ropa, su olor, pero algo me decía que nada era como debería ser. Le di un fuerte abrazo y le hice pasar. Me dijo lo mucho que le apetecía venir a la fiesta. Insistió en ello. No habría faltado por nada del mundo. Hacía años que no nos veíamos, pero nuestra amistad de infancia parecía tan fuerte como cuando nos defendíamos juntos de los matones del patio. Si uno recibía el otro también, pero eso rara vez pasaba: No solían atreverse con dos. En seguida entró y empezó a divertirse como nadie. Pronto se convirtió en el centro de la fiesta. Divertido, original y ocurrente. Siempre sabía decir la palabra apropiada. Era imparable. Siempre lo había sido.

Quiso quedarse hasta el final. No como los amigos pesados que no hay quien los eche, sino como esa persona que no se irá mientras pueda servir de ayuda. Puso especial interés en despedirse de todos según se fueron, y consiguió que acercaran a su casa al que era incapaz de acabar una fiesta sereno. Y entonces se despidió de mi. Seguía habiendo algo extraño. Se le veía felíz. Se le veía eufórico, pero én su despedida flotaba una sensación extraña, como la de la certeza de saber que no volverás a ver a alguien. Debí haber sospechado algo extraño; debí darme cuenta. Lo descubrí al día siguiente. Su madre me llamó. Tuvo un accidente de coche según venía a la fiesta. Un camión lo arroyó. Murió en el acto. Nunca llegó a la fiesta. Y sin embargo estuvo allí, con todos nosotros, y se despidió de todos nosotros. Y yo sé porqué. Su madre me lo dijo. "Tenía tantas ganas de ir a tu fiesta".

Sunday, 27 July 2008

Destino

Aquella noche hacía mucho frío, así que cogió un abrigo extra del carrito y se lo puso con la intención de mantener el calor corporal.

No podía recordar la primera vez que lo hizo. Lo había intentado miles de veces, pero era difícil teniendo tantas vidas distintas. Quizá fuese siendo sólo un bebé. Quizá le pesara tener un hermano mayor que le restase atención de sus padres y se limitara a hacerlo desaparecer. Nadie hubiera sufrido. Nadie hubiera llorado. Simplemente nunca habría existido. Quizás por eso en ninguno de los siguientes cambios que hizo durante todas sus vidas nunca, jamás, recreó una familia con solo un hermano mayor.

No solía cambiar a menudo. No era cosa de un capricho pasajero. Sólo lo hacía cuando las cosas le disgustaban mucho durante un largo periodo de tiempo. Cuando veía que algo no tenía solución. Era algo que siempre acababa pasando, escogiese lo que escogiese.

No sabía cómo ocurría el cambio. Simplemente sucedía cuando llegaba a un momento de hastío extremo. Cuando no importaba lo que se esforzase ni la imaginación con la que intentase modificar las cosas de manera “normal”, nada mejoraba. Entonces la realidad se alteraba a su antojo. Su mujer era otra, él era más joven, sus padres desaparecían, vivía en la segunda guerra mundial siendo un judío más… o un Nazi más.

Recordaba todas sus distintas vidas con mayor o menor grado de amargura. Ninguna funcionaba. Ni el dinero, ni el éxito, ni la sencillez… Las vidas emocionantes eran demasiado duras, y las tranquilas demasiado aburridas. Había llegado a la conclusión de que no había manera de ser feliz.

Le hubiese gustado que el cambio no le afectase solo a él. Muchas veces deseó que el efecto afectase al mundo entero. Un mundo sin hambre. Un mundo más justo. Un mundo de igualdad entre hombres, mujeres, razas y religiones. Pero no funcionaba así. Podía ser una persona u otra, pero no podía ser todas a la vez y un solo hombre no podía cambiar el mundo. Lo sabía. Lo había intentado miles de veces.

Lo peor que podía hacer era desear tener mucho dinero. En esas ocasiones sus vidas eran muy cortas. Los problemas llegaban muy rápido y se instalaban en sus existencias hasta hacerle evadirse a otras. Con el tiempo se dio cuenta de que las más largas eran aquellas en las que menos tenía. Cuanto menos había que perder, menos disgustos sufría.

Así era como había conseguido llegar a vivir cinco años sin alterar su destino. Sin familia, sin amigos, sin dinero. Las cosas eran mucho más fáciles así. Hacía lo que quería y cuando quería. Sin miedo a perder nada. Sin miedo a disgustar a nadie. Sin miedo a que le dejaran. Sí, a veces era duro dormir en la calle, sobre todo en noches como esa, pero ese frío no parecía más duro que perder a un padre o sufrir un divorcio.

Aquella noche hacía mucho frío, así que cogió un abrigo extra del carrito y se lo puso con la intención de mantener el calor corporal. Se acurrucó entre sus cartones e intentó aislarse del dolor que sentía en sus extremidades. Mientras perdía la consciencia pensó que en realidad no podía cambiar su destino. Pensó que todos aquellos recuerdos no eran más que deseos de otras vidas que había tenido desde que, harto de esforzarse cada minuto, cambió a su familia y a sus amigos por una botella de alcohol. Deseos de lo que podría haber sido. Y, al fin, todo acabó.


(escrito el 19 de Enero de 2008)